Las leyes de los hombres
intentan ordenar sus relaciones.
Disuadir y penar el impulso homicida.
Regular el tráfico de bienes.
Dosificar la bilis de la codicia.
Registrar las variantes codificadas del amor
en los antiguos cajones del registro.
No les importa si hay amor.
Porque las leyes de los hombres
custodian las formas.
No examinan ni explican
su interior.
El criminal afila la navaja.
El usurero cuenta las monedas.
Las muerde para verificar
que no son falsas.
Los prometidos violan las promesas
a las que juraron fidelidad
frente a un notario.
Se compran y se venden cueros,
hierros, telas, peces y terneros.
Se clasifican las especies del herbolario.
¿Y con eso qué?
Quiero tajear la superficie
hasta que sangre. Quiero morderla
apretando los dientes.
Sacudir sin soltar,
como un lobo que empuja y tironea
obstinadamente de su presa.
La jurisprudencia no ausculta el porvenir
sino el pasado.
La jurisprudencia es inútil
para mi empresa.
No tiene archivo lo que estoy buscando.
Tampoco tiene edad.
Mi mercancía está fuera del comercio.
Mi amor tiene la forma de la curiosidad.
Mariel Manrique, Descartes en Holanda. Paradiso Ediciones, 2010
pepe


2 comentarios:
los poemas de mariel son impresionantes, claro, no me extraña... estamos hablando de ¡¡¡MARIEL!!!
besos,
ò.
Estoy con Òscar!:D
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