si te preguntase qué hacías tal día como hoy hace veinte o treinta años, a menos que en aquella época llevases una agenda pormenorizada de la jornada, no sabrías qué contestar. yo tampoco. grosso modo podríamos ubicar a qué nos dedicábamos en aquel tiempo. si nos remontamos a los años de adolescencia, donde el tiempo era una diáspora de actividades, seríamos todavía más erráticos.
lo que quiero referir es que toda una vida, hasta el momento actual, recoge en la memoria no más de mil hechos reproducibles fotográficamente, segundo a segundo. sensaciones, al cabo.
la vida, entonces, no es un almacén de memoria. es una salón de selectos recuerdos. un coladero. somos unas cincuenta cosas que nos pasaron. ¿qué comiste el martes pasado? ¿y el martes de la semana anterior? ¿qué hacías exactamente a las 17:30 o a las 11:00?
¿qué has soñado esta noche?
para mí, este modo de ocurrir la vida en la memoria es fascinante. hoy soy cuatro pinceladas de mi biografía. hoy soy hoy. ese retén. como el pájaro que veo volar ahora mismo a través del ventanal de la terraza.
al azar, escogeré una de esas pinceladas para contártela.
todas las noches, desde que estoy con fabi, poco antes de entrar en el sueño, soy plenamente consciente de lo que supone dormir junto a fabi. recuerdo perfectamente qué siento tanto esta noche recién pasada como la primera noche o todas y cada una de las veces que intermedian. eso, porque en un ejercicio inconsciente y medular, queda grabado no sé porqué.
también, de los dieciséis años que viví con la gata tiza, podría enumerar todas y cada una de las caricias y los juegos que nos dedicamos.
lo demás, recuerdo cuatro cosas. si me esfuerzo, mil.
entonces, trato que hoy pase a esa sala pequeña donde perpetuar lo que seré. aparentemente, no ocurrirán grandes cosas. veré la fórmula 1 y antes fabi y yo pasearemos y acabaremos la jornada charlando en el sofá o sencillamente estando, hasta cuando nos venza el sueño y vuelva, poco antes de dormir, a llevar a la salita de memoria, otra vez, ese momento.
así, no sé cómo, hoy, todo hoy, no voy a olvidarlo nunca.
y si dentro de unos años me preguntas, responderé que tal fecha como hoy fue un domingo nublado de noviembre, que no hacía frío, que desayuné con fabi, que fuimos a la playa, que vi la fórmula 1 por televisón mientras ella preparaba las clases del día siguiente y que después estuvimos juntos en el sofá, cogidos de la mano. y que me acordé de tiza, como todos los días.
no sé porqué te cuento esto.
no lo sé, ciertamente.
tengo la televisión encendida y sale el papamóvil, uno de los coches más idiotas que conozco.
recuerda: feliz domingo, 7 de noviembre de 2010.
òscar

12 comentarios:
Es precioso. SI lo escribes puedes guardar esos momentos.
Un abrazo grande.
Mientras tú miras la formula uno, yo miraré la formula uno, con José. Esta tarde tengo que estudiar con el enano mates...
Y los músculos que tiene que aprenderselos.
Un abrazo grande bueno otro, hasta luego.
ah, qué buena tarde, entonces. estudiar mates con josé mientras los autos dan vueltas una y otra vez, circularmente...
besos,
ò.
jo... regalo de texto, bacalao!
mariwano
precioso, amigo.
pepe
ciass, mispeces!
besos,
ò.
Yo ya sé lo que voy a recordar:
voy a recordar este texto.
yo siempre recuerdo que te estoy agradecido.
besos,
ò.
ohlala, un abrazo...
recuerda que te di un abrazo este dia, ok?
;)
¡Hola Òscar!
¿Recuerdas porque puedes...
o recuerdas porque quieres?
Petons
querido bash: ok, lo recordaré!
:)
besos,
ò.
la profe,
ambas cosas pero con en orden inverso...
petons,
ò.
no lo borres del blog por favor, no es broma
ok.
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