
Ella susurra la cura, conoce transparencias: «Hay
otro nombre, uno secreto, intraducible, que,
una vez alcanzado, no podrán arrebatarnos».
Ella desamarra el dolor del sentido de la tierra:
«Ni el olvido que evapora la sangre.
arrebatará».
Y una perezosa sabiduría va atravesándonos
hasta volvernos locos.
David Eloy Rodríguez, Para nombrar una ciudad. Renacimiento 2010
pepe

2 comentarios:
yo ya tengo encargao el librico! que ganas de leer al itinerante!
mariwan
venga, mariguo, que rule!
pepe
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