
un martes y trece en metro a la ciudad recorta huellas sorprendentes. por ejemplo si sube al vagón una chica con jersey verde y bolso granate leyendo un libro esotérico. y de pronto, en un movimiento extraño, cae al suelo desparramándosele del bolso en abanico una colección de fotos en blanco y negro de otra chica (o de ella misma?) con poca ropa. una de las fotos se ha quedado debajo del tacón de otra mujer que viaja al lado suyo. la chica de verde se agacha de inmediato a recogerlas cual si de un mazo de cartas se tratara, de cartas boca arriba, pues, por si fuera poco, las instantáneas han quedado ahí expuestas permitiéndonos verlas a más de uno. ahora la protagonista tira de la foto que queda debajo del tacón de la vecina y no consigue hacerse con ella. al final, le pide con una mirada suplicante que levante la bota e introduce en el bolso la última (o la primera) de la serie, vuelve a su posición apoyada de espaldas en la puerta del vagón y sigue leyendo su libro sin inmutarse apenas.
pepe

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