hoy no me duché. esta tarde, a primera hora, fuimos al médico, fabi y yo, a un control rutinario. olía mi sudor (yo). la habitación de la consulta olía mi sudor. mi cuerpo, por así decir, es el encargado de entretener a mi mente, de vez en cuando. le da trabajo. le dice: huelo mal. lo que mi cuerpo aprendió esta tarde es que mi mente no se ruboriza. ya no. más bien le devuelve la pelota, con ánimo de seguir el juego: olemos mal pero ahora lo importante es divertirse con el médico. y fin de la historia.
aunque, si lo pienso de nuevo, mi cuerpo-mente, no se hubiese ocupado de eso. así que seguramente esto que acabo de decir esté equivocado.
òscar
* la foto no viene a cuento (es de este mediodía, doña carmen y eduardo vinieron a comer con nosotros) pero me gustó dislocar todavía más esta historia.


4 comentarios:
Jejeee!! pues lo has conseguido, noi. Brillante!!
vaya, lys, muchas gracias! ;-)
muás!!!
òscar.
olores que aturden, molestan, alejan... es preferible esa neutralidad corporal (mente neutralizada) en la fragancia homogenea de la colonia de turno... aunque no siempre fue así... otros fueron los afectos y los efectos de los cuerpos que se relacionaban entre los olores de la granja, el campo y sus abonos, las comidas a fuego lento, las basuras afuera, a pocos metros, el aire jugueton con sabores salinos, las mentes sin disfraz en sus miedos o excitadas voluntades... otros humos no vegetales se sumaban así al incendio que llamaban vida... otros fuegos, otras mentes que eran los cuerpos cuando no tienen miedo de tocarse bajo su olor personal.
Un abrazote grande,
Vík
ah, los olores, los de verdad, no el alquimista de marca, pobres marcas malvadas, qué estrecho recorrido...
eso es, víktor, como se hizo el olor de nuestro cuerpo, la abuela y el abuelo en granja, en rama...
besazos, amigo!
ò.
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