
Las palabras que no
se pronuncian,
los ojos aterrados
de noche.
La niña que no dice
su lección
ni su tedio.
Desde Montecorral
las lumbres
o, tal vez, su memoria.
Y el cuerpo
que faltaba
y las pastillas
de leche de burra
y el pesar de los otros.
Luis Miguel Rabanal
http://camineros.blogsome.com/

2 comentarios:
Gracias, caballeros. Y a descansar se ha dicho.
a tu salud, luis miguel!
besos,
òscar (y pepe y mariano).
Publicar un comentario