en 1998 hice el camino de santiago en bici. en una de las etapas, después de sesenta kilómetros de duro pedaleo debido a la hostil orografía, encontré a un chino junto a un murete que había dispuesto una veintena de vasos de agua fresca. paré, bebí uno de los vasos y conversamos a través de mímica durante cuarenta y cinco minutos de la vida en el camino, en el amplio sentido de la palabra. le dí las gracias y retomé la ruta.
òscar

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