
Detener lo cotidiano
era aturdir la memoria,
partir desde la nada.
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Algo ya no cicatrizado
por tales palabras, por tales acciones
como un desolado despertar.
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Deseaba terminarlos,
apuré el entierro
y volví la vista
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como guerras e inviernos
extraviados tras las ventanas
de una opaca niñez.
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¿Y las páginas vacías?
¿Y las páginas vacías?
Debería llenarlas
con observaciones
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000000000000000000
de celestes repeticiones,
el día que brotan las flores
el día que los pájaros se van.
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Philip Larkin
0000000
000000000
pepe

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