
sentado en un banco bajo un níspero, en el jardín del cuartel de los alemanes detrás de la catedral...;la ridiculez de los turistas, el disfraz y la mandíbula apretada con la determinación del converso empuñando el vídeo. el viejo que después de almorzar sube al mirador y canturrea en tono de opereta una desafinada melopea con la letra dels segadors. el silencio, y después los pájaros, las hojas, todo dispuesto para adormecer. silencio sólo roto por conversaciones banales, repetitivas. verme como turista en otros sitios, otras veces, haciéndome también el entusiasmado por obligación. desprenderse de lo superfluo. el coste de.
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pepe

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