
el caso es que hace una mañana espléndida. y andaba yo absorto mirando esas cosas del cielo cuando en el postigo de la terraza he visto un hombrecito de cemento (observar con atención foto) apoyado y con las piernas alegremente colgando –parece que silba y está ocioso como yo–. y, fíjate, me ha parecido un claro ejemplo del no pesar de la vida.
òscar


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