
(...) Los agnósticos racionales y vocacionales, los que padeceremos la incapacidad y el desamparo de no poder ni querer militar en ninguna iglesia, los que necesitamos palpar para creer, los que no depositamos nuestra fe y nuestra esperanza en ningún más allá, en el paraíso, en el eterno río de leche y miel, endulzamos nuestra vida o afianzamos la supervivencia en esas obras de arte que son buenas para el alma. En libros, cine y música que ahuyentan al vértigo, consuelan, ayudan, cicatrizan, drogan, enseñan, distraen, deslumbran, emocionan y enamoran. (...)
Los profetas mejor informados anuncian que no se harán hogueras con los libros, que simplemente se extinguirá ese irrenunciable objeto, que los leeremos en la pantalla de un ordenador. ¡Vade Retro, Lucifer! Por si acaso, empezaré a construir con mis torpes manitas el inexpugnable refugio que mantenga el aroma y las páginas amarillentas de los libros amados. Si llega el Apocalipsis me va a pillar en compañía de ese inmenso conmovedor pintor del derrumbe llamado Scott Fitzgerald, de Stendhal, el hombre que sabía todo del amor y de su incertidumbre, del insuperable contador de historias Robert Louis Stevenson....
Dioses y Monstruos, Carlos Boyero, Babelia
pepe

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