no soy mucho de encomendarme a los santos, prefiero comer chirlas. no obstante, cuando se me va la luz interior y no veo el camino del verso, antes que partirme el estropajo cayendo de un endecasílabo, prendo una vela en casa de unos buenos amigos, encierro al poeta en el lavabo con una revista rosa y, gracias a la conversación –al calor de la amistad–, me ilumino de nuevo fácilmente.
òscar
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